ALMAS DESTINADAS - LA NOCHE NO TERMINA AQUÍ
Sarah seguía viéndolo con el entrecejo apenas fruncido, como si su nombre le hubiera dejado una sensación en la lengua que no podía explicar. Liam notó el brillo mínimo de curiosidad en sus ojos castaños, ese mismo que había visto la noche anterior cuando ella intentó convencerse de que estaba bien. Ahora no había pánico, pero sí una alerta suave, la de alguien que aprendió a medir a los desconocidos aunque le caigan bien.
Él no quiso incomodarla con