YAMILA KAYÁ
Lo guié de la mano, muertos de risa con esa deliciosa complicidad que habíamos creado de la nada. Era como si a pesar de llevar poquísimo tiempo de conocernos, mi cuerpo y el de él, mi alma y la suya, conectaran de un modo casi predestinado.
Se sentía como si yo hubiera sido hecha para ser su media mitad y él mi pieza faltante. Esa que encajaba en mi de un modo único.
Én sus brazos sentía pertenecer como en ningún otro lugar en el mundo, espantaba esa rara sensación de no perten