YAMILA KAYA
Al entrar a la habitación que ocupaba Amed, supe de inmediato que algo andaba mal. El pequeño seguía durmiendo, pero parecía tan inquieto como si estuviese teniendo una terrible y sufrida pesadilla. Conocía el patrón de respiración normal de mi hijo, era el sonido más tranquilizante para mí por tres años, más ahora mismo algo andaba mal.
Me acerque de inmediato, sorprendido y asustada y al tocarlo me estremecí de la preocupación. Amed ardía en fiebre, todo su pequeño y tierno cuerp