YAMILA KAYA
No doy crédito a la estupidez que acaba de decir, el momento se pausa cuando Camil interrumpe en la sala de espera, retirándose el gorro quirúrgico y su esposo caminó hacia ella.
—¿No entendemos qué pasa? — le confesó Farid y yo me quede en silencio, cegada casi al borde de un colapso por la obvia presencia y la estupida incoherencia del padre biológico que Amed.
—¿Dónde está mi hijo, Camil?— pregunté histérica a punto de necesitar medicación contra todos los males psiquiátricos c