La luz del sol se filtró por las rendijas de las cortinas con una suavidad dorada, anunciando el nacimiento de una mañana que se sentía distinta a todas las anteriores. Para Cristian y Sophie, el despertar fue una extensión de la noche mágica que habían compartido.
No hubo prisas ni alarmas estridentes; solo el roce de las sábanas de seda y el calor de sus cuerpos entrelazados.
Estaban viviendo su propia "luna de miel", un refugio temporal donde el mundo exterior, con sus juicios y complicaciones, parecía haber dejado de existir. Cristian observaba a Sophie mientras ella dormitaba, admirando la paz en su rostro y prometiéndose a sí mismo que haría lo que fuera necesario para que esa expresión de serenidad no se borrara nunca más.
Sin embargo, mientras ellos se perdían en sus promesas silenciosas, en otro rincón de la ciudad, un nuevo comienzo estaba tomando forma bajo un matiz de nerviosismo y expectación.
Mateo estacionó su coche frente al nuevo edificio de apartamentos. Era una estr