Mundo de ficçãoIniciar sessãoTres días sin noche y los mortales comienzan a perder la razón—una semana sin oscuridad, y la muerte parece misericordia.
El sol colgaba inmóvil en el cenit como un ojo divino que se negaba a parpadear. Vex observaba el horizonte desde su montura mientras el convoy de cincuenta guerreros avanzaba por el camino polvoriento hacia Rivermere, y por primera vez en décadas, sintió algo cercano al miedo primitivo. No el miedo táctico que lo mantenía vivo en batalla, sino algo más profundo—el







