Mundo ficciónIniciar sesiónEn última hora de vida, cada respiración es eternidad y cada latido, sinfonía de despedida.
Caminó despacio.
No porque sus piernas fallaran —aunque fallaban, con ese temblor persistente que había aprendido a ignorar durante semanas— sino porque quería que cada paso contara. Que cada metro de terreno entre ella y los Titanes quedara grabado en su memoria con la precisión de algo irrecuperable.
El amanecer apenas insinuaba color en el horizonte. Una franja de







