En la arena, sangre y verdad son lo mismo—ambas imposibles de ocultar.
El amanecer llegó como una herida abierta en el cielo, derramando luz carmesí sobre las montañas mientras yo permanecía frente al espejo de mi habitación, contemplando a la mujer que me devolvía la mirada. Las cicatrices en mi rostro parecían más pronunciadas bajo esta luz cruel, recordatorios permanentes de quién había sido y en quién me había convertido.
Lydia había llegado una hora antes, cargando la armadura ceremonial s