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Hay besos que salvan, y besos que condenan—este era ambos.

El mundo se detuvo en el momento en que los labios de Kael tocaron los míos. No fue gentil, no fue tierno. Fue desesperado, hambriento, como si quisiera robar algo de mí que nunca podría recuperar. Sus manos se enredaron en mi cabello, tirando de mí hacia él con una urgencia que me robó el aliento.

Por un instante—tres segundos que se sintieron como una eternidad&mdas

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