Cassie
Mi respiración no se acompasaba con la de Damon. Él estaba calmado, enfocado. Como si la locura de lo que acabábamos de hacer no fuera suficiente para agitarle ni un maldito músculo.
—¿Estás segura? —preguntó, su voz grave, ronca por la carrera que habíamos iniciado.
Lo miré. Tan cerca de él, podía contarle cada pestaña. Pude ver el pequeño rastro de sangre seca en su clavícula, justo donde antes me marcaba. Donde me pertenecía. Y ya no. Porque Damon lo había roto. Con magia antigua. Con