El aire era denso, como si cada partícula estuviera compuesta de oscuridad. Un viento helado vagó por los corredores del castillo, murmurando secretos en un idioma que el tiempo había perdido. Las torres no llegaban a ser iluminadas por la luna; todo parecía estar en un atardecer perpetuo.
Aria abrio los ojos con dificultad. La piedra negra cubría el techo de la habitación; estaba llena de runas que relucían con una suave luz carmesí. Se introdujo despacio, sintiendo la piel helada del suelo.