Sigrid alcanzó a distinguir que se trataba de un hombre. No podía verle el rostro con claridad; la habitación estaba sumida en una oscuridad casi total y las sombras lo envolvían por completo. Además, llevaba el rostro cubierto: un paño le tapaba la nariz y la boca, dejando únicamente los ojos al descubierto.
Permanecía en su forma humana, lo que dejaba en evidencia que no tenía intención de transformarse. En su mano aún sostenía la daga, que extrajo del colchón con un movimiento brusco.
Sin pe