Elliot lo miró con los ojos abiertos de par en par.
—¿Con la espada? —repitió, completamente sorprendido.
No tenía la menor idea de que algo así hubiera estado ocurriendo. Desvió la mirada hacia Nayla por un instante, que permanecía en el suelo, visiblemente asustada e incapaz de moverse.
—Yo… —balbuceó Elliot—. Yo no… lo siento, padre. No lo sabía.
—Lo sé —declaró Rayborn—. Sé que no lo sabías. Estás ocupado atendiendo asuntos políticos como para tener tiempo de actuar como niñero de tu herman