—Hubo un tiempo en el que estaba tan desesperada que no me importaba nada —agregó Gael—. Solo quería que Rayborn muriera, sin importar cómo ocurriera. En aquel momento mi mente estaba consumida por el odio; no soportaba verlo, no soportaba escucharlo hablar, ni siquiera podía tolerar la idea de respirar el mismo aire que él. Por eso intenté envenenarlo, convencida de que cualquier medio era válido si lograba librar al mundo de su existencia. Pero no funcionó.
Se detuvo un momento, pasando lenta