C118: NUNCA LOGRÉ VERLO COMO MI HIJO.
África no se giró hacia su madre. Permanecía de pie frente a la ventana, con el cuerpo erguido, observando el exterior de la mansión, mientras veía a Sigrid en el jardín, sosteniendo al cachorro entre sus brazos. El pequeño movía las manitas con torpeza, intentaba atrapar el velo de ella y reía con sonidos suaves, mientras Sigrid lo mecía con paciencia y dulzura.
Morgana, al notar que África no respondía, frunció ligeramente el ceño y volvió a insistir.
—África, ¿me estás escuchando? —preguntó