C118: NUNCA LOGRÉ VERLO COMO MI HIJO.
África no se giró hacia su madre. Permanecía de pie frente a la ventana, con el cuerpo erguido, observando el exterior de la mansión, mientras veía a Sigrid en el jardín, sosteniendo al cachorro entre sus brazos. El pequeño movía las manitas con torpeza, intentaba atrapar el velo de ella y reía con sonidos suaves, mientras Sigrid lo mecía con paciencia y dulzura.
Morgana, al notar que África no respondía, frunció ligeramente el ceño y volvió a insistir.
—África, ¿me estás escuchando? —preguntó—. ¿Por qué no me respondes?
—¿Acaso mi padre no te lo ha dicho ya? —respondió África—. El Alfa ha encontrado a alguien que lo entretenga.
Morgana abrió un poco los ojos, sorprendida, y dio un paso hacia ella.
—Bien, es cierto que el Alfa tiene derecho a tomar amantes —concedió—. Pero que tu cachorro esté siendo cuidado por la amante del Alfa… eso es algo muy grave, África.
África exhaló despacio, como si aquellas palabras no hicieran más que confirmar algo que ya sabía desde hacía tiempo.
—Madr