Hablar de ese tema con el Alfa hacía que el corazón de Sigrid latiera con fuerza desmedida. Cada palabra relacionada con hijos y futuro le agitaba el pecho, porque ellos ya hasta tenían un hijo y él ni siquiera lo imaginaba. Aun así, le gustaba que él hablara de ello con ella, que la incluyera en un pensamiento tan íntimo.
Sigrid era solo su amante, y como tal no tenía el deber de darle descendencia. Las amantes podían concebir hijos del Alfa, sí, pero no era una obligación impuesta, como sí lo