Mundo ficciónIniciar sesiónLas grietas del paraíso
Matías llegó por la puerta de servicio, que era la única que él tenía permitido usar, y lo hizo con el labio partido y una ceja que empezaba a hincharse con esa convicción sorda que tienen los golpes cuando han sido bien dados. Aryanna lo vio desde el pasillo y tardó exactamente dos segundos en procesar lo que estaba viendo antes de cruzar la cocina hacia él.
—Dios mío —dijo







