El lago de Valle de Bravo tenía esa quietud engañosa de las superficies que ocultan profundidad. Desde la terraza de la cabaña, con el crepúsculo desdibujando la línea entre el agua y el cielo, Aryanna lo observaba sin verlo realmente. Sus ojos registraban los colores —el naranja oxidado del horizonte, el gris perla del agua, los pinos que bordeaban la orilla como centinelas dormidos— pero su mente estaba en otro lugar. Estaba en los números de una hoja de cálculo. En un nombre escrito con la l