—Porque Lucien le dijo que si no volvía en diez minutos, la que aparecería muerta en la carretera sería yo.
Marianne no bajó el sobre.
Tampoco pidió entrar.
La frase quedó entre ella y la cadena como un animal cansado, demasiado viejo para seguir escondido.
Teresa se quedó frente a la puerta, con una mano sobre el marco. Emilia estaba detrás de ella, pálida, los dedos cerrados sobre la manga de Aryanna. Inés sostenía el celular, grabando sin convertir el momento en espectáculo. Céline, desde la