—Tal vez algún día puedas hablar con él sabiendo que todo esto está sentado ahí… y que aun así tú eliges dónde sentarte.
Aryanna no respondió.
Emilia se quedó junto a ella en el escalón del porche, envuelta en la manta, con el cabello corto desordenado y los pies descalzos sobre el cemento frío. La calle estaba vacía. La casa detrás de ellas olía a pan dulce, café viejo y papeles recién descubiertos.
Todo esto.
La deuda falsa.
La habitación azul.
La llamada de Céline.
La amenaza contra Marianne.