—Si descubro que me equivoco, seré yo quien le cierre la puerta en la cara.
Céline no bajó la mirada después de decirlo.
La sala se quedó suspendida en esa frase.
Aryanna estaba de pie frente a ella, con los pedazos del plato verde todavía en una servilleta sobre la mesa. Emilia permanecía junto al marco de la cocina, seria, con los brazos cruzados. Teresa observaba desde el fregadero, las manos húmedas, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper otra cosa.
—¿Por qué lo defiendes? —pregu