—La llave que su padre escondió no era para abrir la mansión. Era para cerrar algo que los Beaumont nunca debieron encontrar.
Inés terminó de leer la tarjeta y nadie respiró.
La caja larga seguía en el suelo, al otro lado de la puerta, como si hubiera llegado caminando sola hasta la casa Salvatierra. No tenía moño, sello ni lujo. Madera clara, esquinas gastadas, una mancha oscura en un extremo. Sobre la tapa, la letra de Laurent parecía demasiado correcta para esa hora de la mañana.
Aryanna no a