Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana había llegado con esa urgencia controlada que precedía a los desplazamientos de poder. Aryanna observaba desde la ventana de su habitación cómo un convoy de vehículos negros se alineaba frente a la mansión Beaumont, cada uno reluciente bajo el sol de febrero como piezas de ajedrez recién pulidas. Laurent supervisaba el cargamento de maletas—demasiadas maletas para un viaje de tres días—mientras dos asistentes







