—Que al revocar todos sus poderes antiguos, también acaba de liberar la cláusula que protegía legalmente la casa Salvatierra.
Aryanna no abrió la puerta.
La cadena quedó entre ella y Hugo Armenta como una línea delgada, doméstica, demasiado pequeña para todo lo que ese hombre traía en la boca.
Detrás de ella, Emilia dejó de respirar.
Teresa se apoyó en la mesa.
Céline levantó la tetera con una serenidad ofensiva.
Inés, con el teléfono en una mano, ya estaba grabando.
—Repítalo —dijo Aryanna.
Hug