—No voy a sentarme atrás.
Aryanna lo dijo frente al espejo del baño, mientras Teresa intentaba alisarle el cuello de la blusa con manos más nerviosas que útiles.
La mañana había llegado demasiado rápido.
La casa Salvatierra seguía oliendo a ventanas abiertas, sopa recalentada y polvo removido. Rafael había dejado la ventana nueva instalada antes de las ocho. Matías no entró más de lo necesario. Saludó a Teresa, preguntó por Emilia, revisó el seguro y se fue al patio con su padre, como si entendi