—No responda.
Paula no levantó la voz.
Solo puso una mano sobre la carpeta de Aryanna, como si pudiera sujetar con papel todo lo que acababa de moverse dentro de ella.
Silvain ya estaba en la puerta.
De espaldas.
Quieto.
Y su última frase seguía abierta en la sala como una herida limpia.
—Si algún día Aryanna Salvatierra vuelve a mirarme, no será porque yo tenga algo que decir de lo que ella sintió; será porque ella decidió que todavía hay algo que quiere decirme a mí.
Aryanna no respondió.
No p