—No se siente atrás conmigo si va a vigilar cada movimiento que hago.
Aryanna estaba frente a la camioneta de Matías, con la mano en la puerta trasera y el bolso apretado contra el costado. Dentro llevaba la libreta de Emilia, la grabadora original y un miedo tan grande que ya no cabía en el pecho.
Silvain se detuvo al otro lado.
—No pensaba vigilarla.
Ella lo miró.
Él sostuvo la mirada dos segundos.
—Intentaba no hacerlo.
Matías, desde el asiento del conductor, giró la cabeza.
—Puedo sentarme a