—No.
Aryanna dijo la palabra antes de que Silvain pudiera abrir la boca.
El radio seguía crepitando entre sus manos. La voz de Rivas acababa de dejar una amenaza colgada en el cuarto, densa, viva, con forma de cuchillo.
El dedo donde Emilia todavía lleva el anillo de su hermana.
Aryanna sintió que el estómago se le cerraba.
Ese anillo.
El aro delgado de plata que ella le había dado a Emilia en su cumpleaños dieciséis. No era caro. Lo compró en un puesto, después de ahorrar tres semanas escondien