Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa porcelana fina resonó contra el mármol de Carrara cuando Silvain depositó su taza de café con la delicadeza de quien maneja explosivos. El desayunador privado olía a croissants recién horneados y a algo que Aryanna no lograba identificar: tal vez control disfrazado de cortesía matutina.
—Necesitamos hablar sobre ciertos ajustes —dijo Silvain, desplegando un documento de tres páginas sobre el mantel color crema.







