Mundo ficciónIniciar sesiónLa ausencia de Silvain era un regalo envenenado.
Aryanna lo supo desde el momento en que Laurent le informó, con su habitual neutralidad mecánica, que el señor Beaumont había partido a París esa misma madrugada para atender asuntos urgentes de negocios. Regresaría el lunes por la tarde. Tres días. Setenta y dos horas de libertad vigilada en una jaula cuya puerta permanecía entreabierta, tentadora y peligrosa a partes iguales.







