El amanecer se filtraba por las cortinas del despacho de Salvatierra cuando terminó de redactar su discurso. Las palabras pesaban sobre el papel como lápidas. Cada frase medida, cada párrafo calculado para cortar de raíz cualquier especulación. Una renuncia limpia, sin dramas ni justificaciones excesivas. Profesional hasta el final.
Afuera, la universidad despertaba con su habitual bullicio. Estudiantes que llegaban temprano, el personal administrativo preparando las oficinas, la vida académica