El salón de eventos se transformó en cuestión de segundos. Las luces de gala, que minutos antes bañaban a la élite en un resplandor dorado, ahora parpadeaban con un ritmo frenético, como si el edificio mismo respirara agitado. Isabella sintió que el aire se volvía denso cuando las primeras figuras aparecieron en las entradas.
Hombres de traje, con auriculares y la inconfundible rigidez de quienes portan armas bajo la ropa.
—Nos han descubierto —susurró León, su mano cerrándose como una tenaza a