El cajón cedió con un crujido suave. Isabella contuvo la respiración, sus dedos temblorosos rozando los documentos que había encontrado en el escritorio de León. La habitación permanecía en penumbra, apenas iluminada por la luz mortecina que se filtraba entre las cortinas. Sabía que estaba jugando con fuego, pero la necesidad de respuestas era más fuerte que el miedo.
Fotografías antiguas, recortes de periódicos amarillentos y documentos con sellos oficiales se mezclaban en un caos ordenado. Sus