El bosque despertaba con el sol apenas acariciando las copas de los árboles. Mi padre lideraba el grupo, con su figura imponente y su mirada firme. Cada paso resonaba en el suelo cubierto de hojas secas.
Los guerreros caminaban en silencio, atentos a cada sonido, a cada movimiento. Yo, en cambio, sentía el peso de sus miradas. Mi prometido estaba cerca, demasiado cerca, y su presencia me inquietaba.
—Hoy, Lyra, demostrarás que estás lista para ser mi sucesora —dijo mi