El viento susurraba entre los árboles, como si conociera el secreto que mi corazón guardaba. Había vuelto a la aldea antes del amanecer, pero la inquietud no me dejaba descansar. Las miradas de mi padre y mi prometido parecían perforar mi alma, como si pudieran ver a través de mí, como si supieran.
Pasé la mañana con las ancianas, preparando cestas y recolectando hierbas. Mi mente, sin embargo, estaba lejos, en el claro del bosque donde Eirik y yo nos habíamos prometido amo