Nunca imaginé que un solo encuentro pudiera incendiar mi mundo y, al mismo tiempo, helar mi corazón en un mismo instante. Pero allí estaba, frente a Roberto, el hombre que se había convertido en mi tormenta personal, la sombra que oscurecía cada uno de mis días y la incógnita que perturbaba mis noches.
La tensión entre nosotros había ido escalando durante semanas, una danza peligrosa que me consumía lentamente. Y aquella tarde en la reunión pública, rodeados de nuestros socios y aliados, fue el