La media hora prometida por Emilio se extendió como un hilo de tensión invisible sobre el piso 40. Mientras las grúas del muelle tres aceleraban el ritmo de descarga, transformando la parálisis en un despliegue de fuerza logística que se reflejaba en las pantallas de la torre, Esmeralda se dedicó a limpiar el rastro de la batalla legal y carnal que había tenido lugar en su oficina. Con movimientos pausados y elegantes, recogió las carpetas de cuero que habían caído al suelo, ordenó los informe