La pantalla de la terminal portátil emitió un pitido agudo y sordo, confirmando que el bloqueo de los fondos preferenciales se había completado a nivel federal. Las luces rojas de error se reflejaban en los cristales de las gafas de Mauricio Valenzuela, quien dejó caer las manos sobre las rodillas con el rostro completamente desprovisto de color. El silencio en la biblioteca del Club del Comercio se volvió tan denso que el crujido del papel que aún se trituraba en la máquina industrial parecía