El Eurocopter tomó tierra con un golpe seco sobre la superficie mojada del helipuerto del Club del Comercio. El aire de la capital, denso y cargado de esmog, recibió a Emilio y Esmeralda mientras avanzaban a zancadas hacia la puerta de acceso de la azotea, escoltados por dos hombres de confianza del servicio de seguridad de la colina. Al cruzar el umbral, el rugido de los motores del helicóptero fue reemplazado por el zumbido sordo del sistema de ventilación del edificio de sesenta pisos.
—Ri