La mañana siguiente en la mansión Valeriano amaneció silenciosa, elegante… y peligrosamente distinta.
La tormenta de la noche anterior había desaparecido, dejando sobre Aurelia un cielo gris plateado que parecía anunciar cambios irreversibles. Desde las enormes ventanas de la habitación, la ciudad se veía pequeña, lejana, como si el mundo entero estuviera esperando la siguiente jugada de la nueva heredera Villarreal.
Esmeralda abrió los ojos lentamente.
Por un instante, el recuerdo del pasillo