Capítulo 8: Tierra Húmeda y un Reencuentro Inesperado.
El cielo sobre el pequeño cementerio rural era de un gris plomizo, pesado y opresivo, reflejando el ánimo de Isabella. El aire olía a tierra recién removida y a lluvia inminente. El sonido de la pala al arrojar la arena sobre el ataúd de su madre, Eva, fue un golpe sordo y definitivo en el pecho de Isabella.
El entierro había sido íntimo, dolorosamente sencillo. Los pocos vecinos y amigos de Eva en el pueblo, aquellas personas que la habían visto crecer, se hicieron presentes con rostros compun