– Llamadas, silencios y presentimientos
El sol comenzaba a descender sobre el club, tiñendo el agua de la piscina con reflejos dorados. Cristina levantó la mirada justo cuando vio a Rubén caminar hacia ella. Su paso era sereno, pero había en su expresión algo que presagiaba despedida. Cuando llegó a su lado, sonrió levemente y se sentó junto a ella.
—Tengo que irme —dijo con voz suave, casi susurrando.
Cristina lo miró con asombro, sin poder disimular la decepción que cruzó su rostro.
—¿Te vas?