– La marca del miedo
Ruben llegó a la empresa de Cristina poco después del mediodía. Vestía elegante, con su traje gris oscuro perfectamente planchado y ese aire de serenidad que siempre lo acompañaba. En cuanto entró al edificio, los empleados lo saludaron con respeto; su presencia imponía, pero también transmitía confianza.
Se acercó al escritorio de la secretaria y sonrió con amabilidad.
—Buenas tardes. ¿Podría avisarle a la señora Cristina que estoy aquí? —dijo con voz firme.
—Por supuesto,