Mientras Cristina limpiaba su vestido frente al espejo del baño, aún podía sentir el calor del vino empapando la tela. Frotaba con un pañuelo húmedo, concentrada, intentando que la mancha no se extendiera más. El silencio en el baño era tan espeso que podía oír su propia respiración.
De pronto, Aisel se acercó lentamente. Su mirada estaba fija en ella, fría, dura, cargada de reproche.
—Quiero que te alejes de mi padre —dijo con voz firme, cortando el silencio de golpe.
Cristina se detuvo. Su ma