—¿Qué pasa, mamá? No me asustes… —¿Por qué estás llorando? —preguntó Aisel, acercándose preocupada al ver el rostro desencajado de Clara.
Clara respiró hondo, tratando de contener el llanto. Su mirada se llenó de tristeza y también de rabia contenida.
—Hija… te diré la verdad —dijo al fin, con voz entrecortada—. Esa mujer… Cristina… está coqueteando con tu padre, y yo siento que lo estoy perdiendo.
Aisel abrió los ojos con asombro. Su corazón se encogió, y un nudo amargo se formó en su garganta