Elio entró al comedor justo cuando Cristina terminaba de acomodar los cubiertos sobre la mesa. La luz cálida del candelabro iluminaba su rostro, pero ella podía sentir la tensión que desprendía su esposo. Lo vio acercarse lentamente, con el ceño fruncido, y de inmediato bajó la mirada, evitando su contacto visual.
—Ya casi está todo listo —dijo ella en voz baja, mientras alineaba los vasos sobre el mantel.
Elio no respondió. Solo se quedó mirándola, observando cada movimiento, como si quisiera