Cristina y Ruben, quienes permanecían de pie junto a la amplia mesa de cristal. El ambiente se había relajado un poco después de la tensión que se había vivido con Elio, pero aún flotaba en el aire una mezcla de nervios y atracción contenida.
Rubén la observó con esa sonrisa que a ella siempre le descolocaba.
—Bueno… —dijo él, acomodando los papeles dentro de su carpeta—. Gracias por permitir que mi empresa pueda ayudarte, Cristina. No sabes cuánto significa esto para mí.
Cristina lo miró con s