El reloj del vestíbulo marcaba las seis de la tarde cuando Cristina bajó las escaleras con Isaac tomado de la mano. Ambos iban elegantes; ella, con un vestido marfil que resaltaba su porte, y el niño, con una camisa celeste y pantalones beige.
—¿Estás listo, campeón? —preguntó ella, acomodándole el cuello.
—Sí, mamá. El tío Rubén dijo que me enseñará su jardín nuevo —respondió Isaac con una sonrisa llena de emoción.
Cristina sonrió y tomó las llaves del auto.
—Entonces, vamos, no lo hagamos esp