Cristina estaba recogiendo la mesa. Sus manos se movían con rapidez, levantando platos y vasos, mientras sus ojos se desviaban una y otra vez hacia la sala. Allí, Elio y su hijo Isaac estaban frente al televisor, riendo con complicidad. Aquella imagen la estremecía: padre e hijo juntos, como si nunca hubieran estado separados.
En ese momento, Jessica salió de su habitación y, al ver la expresión de su amiga, se acercó despacio.
—Pensé que se había ido —dijo en voz baja, como temiendo romper la