Capítulo 36

Rubén asintió en silencio, mirando de nuevo por la ventana. El jardín, con sus rosales bien cuidados y el césped recién cortado, se veía tranquilo, como si nada pasara. Pero dentro de él no había calma: su corazón estaba en guerra, golpeando con fuerza dentro de su pecho.

Se giró despacio hacia su madre, y con voz cansada murmuró:

—Lo sé, mamá… lo sé.

Ángela, que lo observaba con la serenidad de una madre que todo lo entiende sin necesidad de palabras, inclinó la cabeza y suspiró.

—Hijo —dijo c
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