Elio no iba a ceder la imagen de la esposa perfecta por un simple acuerdo legal. Cristina sabía que la única moneda de cambio que funcionaría con él era el miedo. El miedo a la humillación.
—Tengo que encontrar una manera, Jessica. Algo que lo golpee, que lo ponga contra las cuerdas. Algo que lo obligue a elegir entre su imagen y su obsesión. Algo que salga a la luz —dijo Cristina, su voz bajando a un tono conspirativo.
Jessica la miró, entendiendo al instante el giro que tomaba la conversación